Hoy en día, con las redes, sentimos que el éxito es instantáneo.
Que lograremos todo con simples pasos.
Pero, si nos detenemos a observar, la realidad es muy distinta.
Las cosas llevan su tiempo. Esfuerzo y dedicación.
Así como aprendiste a andar en bicicleta o a escribir tus primeras letras en la escuela.
La carrera de un diseñador (y la vida misma) se construye mediante capas de experiencias.
Capas que, en su momento, creías que carecen de conexión.
Bueno. Te cuento un poco sobre mí y por qué siento que todo está conectado.
Recuerdo que mi conexión por el diseño no empezó con los sitios webs. Empezó con un taller de plástica y la terminal en Linux.
Gracias a un proyecto del gobierno en Uruguay, tuve mi primera computadora.
No me conformé con usarla.
Desde chiquito era muy curioso y esa curiosidad me llevó a desarmarla. A buscar ser "usuario root” (los que saben de linux entenderán). Y a pelearme con distintos comandos.
En aquel entonces, entrar a la terminal y modificar la interfaz visual era solo un juego.
Pero sin saberlo, estaba aprendiendo la lógica de los sistemas que hoy diseño.
Recuerdo que tenía una fascinación increíble por la modificación visual de los sistemas operativos.
Llegué a romper varios Windows por instalar temas de terceros que modificaran la parte visual.
Cuando digo romper, realmente es romperlos.
Mi madre, que es maestra, experimentó la perdida de todos los datos de su planificación solo porque instalé un tema visual que transformaba Windows XP en Windows Vista,
que,
lamentablemente
tenía un virus.
En la adolescencia esa curiosidad y proceso mutó hacia la fotografía.
Me obsesioné con capturar retratos y paisajes. Con entender cómo la edición podía transformar los colores y lo que evocaba la imagen.
Pasé de las fotos con el celular a mi primera cámara profesional gracias a una apuesta con mi madre.
Y de ahí, al mundo de Instagram.
Llegar a tener más de 23,000 seguidores, yo vengo de un pueblo de 30,000 personas, por lo que esos números fueron algo muy loco para mí.
Descubrir que una simple encuesta podía triplicar la interacción.
No era solo "subir fotos".
Era entender qué esperaba la gente. Cómo interactuaban con mi contenido. Y qué necesitaban ver.
Estaba aplicando psicología del diseño antes de saber que existía una carrera para eso.
Lo más loco de este proceso es mirar hacia atrás.
A los 14 años, diseñaba los logos y las fotos de perfil para mi equipo de videojuegos.
Solo por diversión.
Diez años después, estoy haciendo exactamente lo mismo, pero a nivel profesional. Ayudando a marcas a definir su identidad y a conectar con su público a través de una estrategia visual sólida.
Dicen que el mejor diseño es el que no se nota.
Y quizás, el mejor progreso es el que ocurre mientras simplemente estamos siendo curiosos.
Hoy, mi Instagram puede que esté un poco más apagado. Pero mi mente creativa está más consciente.
Cada decisión del pasado, cada video de YouTube visto en la adolescencia y cada error cometido editando fotos, me trajeron hasta aquí.
Y este domingo, llego a la siguiente reflexión:
Lo que hoy te apasiona es la herramienta que usará tu "yo" del futuro.